He estado pensando en redactar esto de todas las maneras posibles en las que se podría redactar. Simplemente no había tenido el valor de hacerlo. A menudo me llegan flashazos a la mente de algunas cosas que solía decirme, su risa contagiosa y sin fin de recuerdos de los muchísimos días que pasamos juntas, que aunque fueron muchos, nunca podrían haber sido suficientes.
Estoy cansada de llorar a escondidas, de guardar mi dolor y pretender que no sucede nada, porque en realidad pasa mucho.
Me he quedado sin una de las mujeres más importantes de mi vida, y es la cosa más injusta por la que he tenido que pasar. Y duele, duele mucho.
No es ningún lloriqueo porque mi libro favorito se maltrató, ni porque mi uña se haya partido por la mitad ó que algún chico me haya roto el corazón a trozos. Es dolor puro.
Espero que nunca sepan lo que es revisar su agenda telefónica del celular una y otra vez, ver su número. Morir por alguna llamada suya, ó que al llamarle, esta te responda de vuelta. Pero eso no sucede, ni sucedió, ni sucederá. Simplemente no puede hacerlo.
Se fué, todo el mundo se conforta pensando que está en algún lugar mejor, diciendo que ya no está sufriendo a causa de sus enfermedades que todos sabíamos que tenia, pero que ella sabía sobrellevarlas bien. Ella está bien, ella sigue bien. Yo lo sé. ¿Pero yo? No quiero sonar egoísta, pero la necesito, la necesito más que a nada en este mundo. Fue mi madre sustituta por todos estos años, convivia con ella más que con mi propia progenitora, y me conocía mucho mejor que ella.
No me gusta vivir sabiendo que no habrá más tardes de capuccinos espumosos y muffins en algún café mientras yo le cuento sobre como va mi vida amorosa, si es que se le puede llamar amorosa en sí, mientras ella se emocionaba cual adolescente al contarle tonterías que para mi en ese entonces eran cosas de importancia en su totalidad. Tampoco sin los sábados para domingos con pijamas afelpadas rosas con ositos y mucho té Arizona, porque siempre había té verde Arizona con miel en su refrigerador, sólo para mi. Para darme el gusto y hacerme sonreir por dentro con sus pequellos pero grandes gestos. De igual manera sus grandes palabras de apoyo cuando sentía que el mundo se me caía sobre mi aplastandome y dejandome sin aliento. Siempre estaba ahí, nunca me dijo que no, y trataba de darle solución a todo lo que estuviese pasando por mi cabeza, sin importar que ella tuviera sus problemas también.
Es una gran mujer, todo el mundo lo sabe, quiero que todos le recuerden como eso, no por su herencia que mi familia felizmente se ha estado repartiendo en estos días. Pero deberían tenerme envidia a mi, estoy segura que nada de el dinero que puedan exprimir como vil limón jugoso de su testamento, los hará tan felices como ella hacía sentirme a mi.
Me hace falta, y nunca dejará de hacerlo, siempre habrá un espacio en mi que sólo será llenado por Silvia.
Por la gran señora que es, y que fué.
ResponderEliminarPrimero que nada, lamento muchísimo tu pérdida. No es fácil perder a una persona y menos siendo tan querida para ti, siempre guardala en tu corazón y cualquier cosa que necesites aquí estamos para ti, aunque no nos conozcamos :)
Un enorme abrazo de consuelo.